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La humanidad es la estrategia

by on November 16, 2017
 

Reflexiones sobre el Marketing Digital por Geraldine Cubillán Gil

Todo acaba, todo pasa y ha pasado el momento del macho alfa conquistador quien, más que seguro, pecaba de soberbio aquí y allá, aquel que solo con mostrar sus atributos derretía a cada doncella… ya no, guapo, que Instagram ha empoderado a la princesa y  rapidito  se te ven las costuras desde que se te encuentra la cuenta como “privada”.

A fuerza este fortachón ha tenido que dar paso al nerd desprolijo del salón, quien nunca falta a clase pero llega desaliñado, sencillo y con la cabeza siempre puesta en algo más, como soñando con algo y planificando… Sí, ese ensimismado que vive repasando una y otra vez algún tema poco común con una pasión desmedida, ese que se gasta los días escudriñando cada dato curioso, estudiando el proceso de creación y empapándose de cada bondad que esa fijación le aporta.

Aquel iluminado que ha cultivado tanto la paciencia y los procesos que nunca nunca pierde la calma, de mente tan amplia que siempre tiene cabida para asilar, con respeto, serenidad y contemplación, tu opinión -así sea iracunda- y darte, de forma desinteresada, soluciones que ni sabías que necesitabas.

Así se ve la mutación del Marketing en esta época desde la irrupción y preeminencia de lo digital en la vida diaria. Así lo exigió esa posibilidad (conocida como democratización de los medios) de que tanto Justin Bieber, alguna gran marca de ropa o comida y la Sra. Alba, tu vecina de toda la vida, puedan abrir una cuenta en un medio social y publicar en igualdad de condiciones.

El usuario, el consumidor, el mercado…  no solo no quiere sino que no puede ser ese ente pasivo que sólo recibía información de sus publicistas si la atmósfera digital lo guía, lo lleva, lo invita, lo obliga a tomar protagonismo, a participar, comentar, intervenir ¡a generar contenido!

¿Qué hacer? Pues hay que crear en vez de solo publicitar, crear incluso desde lo artístico, hay que aportar belleza pero necesariamente acompañada de la utilidad y de algún factor que rompa con lo establecido y la repetición, se trata incluso de repensar el producto en sí mismo, de reinventarlo y renovarlo para poder lograr que, dentro de la infoxicación (esa sobrecarga de mensajes), el usuario pause su scrolling autómata y voluntariamente fije su atención en lo propuesto.

¿Cómo? Hay que cruzar valores: los filosóficos que hacen preguntarse quién soy, a dónde voy y por qué, que atienden las ganas de crecer, ser mejor personas y generar calma, placer, suspiros y felicidad, con los estratégicos del mercadeo, que atienden a objetivos de facturación.

La estrategia entonces es ser humano, compasivo, empático y hasta excesivamente consentidor, ser el nerd pacífico dispuesto a evangelizar, con la paciencia del universo y desinteresadamente además, sobre lo que cree. De ahí que las marcas que entendieron esta mutación pongan tanta lupa a los procesos, al cómo se hace y por qué, tanto craft y hecho a mano que tiende un puente y hace un clic con el corazón de la persona (o lo intenta). Ven que te enseñamos la esencia y no las apariencias.  

¿Dificilísimo respecto a las tradicionales maneras de hacer marketing? Seguro, pero es el momento para aportar algo al mundo, aportar lo bello, lo útil, lo innovador y generar suspiros de complacencia -no cae mal que esto sea estudiando y entendiendo lo que cada plataforma, según su naturaleza, permite hacer y potenciar, claro-. Y lo más importante: la creatividad (incluso la estratégica) necesaria para lograrlo no es sólo un don, es una cualidad susceptible de ser ejercitada, fortalecida, así que… a crear belleza útil, no hay de otra.

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